miércoles, 26 de octubre de 2011

Pinceladas de grana y oro

Cuando abrí los ojos, me encontré en el centro del ruedo.
Inmenso en su soledad, frío y húmedo en la noche.  Sentí los ojos de miles de personas  que se clavaban en mí y en el albero que pisaban mis sandalias. Miré a derecha, a izquierda, arriba y abajo, y la plaza se presentó grande, bella y majestuosa, pero sentí miedo, mucho miedo, deseos de salir corriendo.
El edificio de estilo neomudéjar se veía maravillosamente  elegante. Sus muros de piedra en los más de ochenta  años que llevan en pie habían visto tanto de la ciudad de la Alhambra... de sus gentes, de sus historias y batallar que se me antojaba en ese  momento  escuchar los susurros y cotilleos  provenientes de ellos, en el misterioso silencio de la noche. Era bella, muy bella, pero a pesar de eso, tuve miedo y salí corriendo.
 
No fue hasta muchos meses más tarde cuando volví a la Real Maestranza de Caballería que es así como se llama la plaza de toros de Granada, para tomar una copa de vino en una de las elegantes dependencias de esta, en donde se han habilitado zonas de ocio en las que poder, entre otras cosas, dar capricho al paladar,
Junto a mi marido y unos amigos, por segunda vez en mi vida, puse los pies en la plaza de toros. Pero esta vez, no pisé el albero.
 Saboreé una copa de un grana de aroma y sabor delicioso, no se si seria un reserva o un crianza o tal vez cualquier otro, apenas  entiendo de vinos, pero si sé que en buena compañía cualquiera de ellos se puede convertir en un gran reserva.

Y para tal ocasión, se me ocurrió diseñar una blusa negra, tan negra y oscura como esa noche  cuando puse por primera vez mis pies allí.  Quise alegrarla y revestirla de nuevos colores, disipar los  recuerdos que me traían aquel lugar y para eso, que mejor que camuflarlos con  pinceladas sueltas y bien definidas. Si, así sin más la decoré. Con pintura acrílica quité mis malos recuerdos, pinté en verde húmedo intenso, unas ramitas y  maticé con oro y grana en honor a la velada.
Me gustó el resultado y esa noche bajo los destellos de luces veladas y el suave sonido de los acordes de la música,  hice desaparecer todos mis miedos, el grana y el oro ahora solo eran los colores de las ramas y frutos que adornaban mi blusa...

                         
Marilé Cerván