domingo, 5 de febrero de 2012

Fany regresa a casa.

Hoy, el día ha amanecido muy claro, de una luz tan blanca y brillante que pensé que todo estaría nevado, pero no era así, al salir al exterior, todo estaba igual que siempre, igual que todos los días de este seco invierno, pero extrañamente, algo iluminaba de una forma especial la mañana, el aire se respiraba diferente y la fría brisa se colaba por todos los poros de mi piel, despertando de una forma asombrosa todos mis sentidos.
 He sonreído a la mañana, y entonces he comprendido el porqué de su belleza: Fany regresa hoy a casa.



Fany, es mi hija mayor y hace diez días tuvo que someterse a una intervención  quirúrgica de seis horas de duración. Para mí, fueron las seis horas más largas de los últimos años.
 Las pasé en la habitación del hospital, pegada a un teléfono, junto a mí familia, mientras me mordía las pocas uñas que me quedaban, esperando que alguien desde quirófano diera algún tipo de información, pero no fue hasta pasadas siete horas  cuando llamaron diciendo que la intervención había sido un éxito y que podríamos verla antes  de llevarla a reanimación.
Fue entonces cuando  pude ver a mi hija.
Apenas estaba despierta, pero ya lucia una dulce sonrisa en su tan inflamado rostro. Había deseado tanto ese  final feliz que en aquellos momentos, al igual que en las películas, las fuerzas me abandonaban y caía  redonda al suelo.
Fany ya había pasado lo peor, tenía lo que tanto quería,  sonreía y yo me sentía feliz.

Hoy, como he dicho antes, el día tiene una claridad única, por todos los ventanales  de casa  entra el sol a raudales. Todos esperamos su regreso, desde su pequeña gatita Mía, hasta nuestra preciosa ninfa, que no para de repetir su nombre con alegría.

Bienvenida a casa  Fany.

                                                Marilé Cerván