Al cerrar la puerta de la consulta, los colores se tiñeron de un gris oscuro. El largo pasillo, ahora vacío a mi paso, había dejado de proyectar sombras y la luz del sol, ya no entraba por las ventanas.
Un repiqueteo de unos zapatos de tacón a paso rápido se escuchaban a mi alrededor, parecían seguirme, acosarme, uno tras otro escuchaba sus golpes en el suelo, sentí miedo y corrí, huí, quería salir de allí, camuflarme entre la gente de la calle y perderme de mi misma y de mis circunstancias, ocultarme de la noticia que llevaba en mis manos: HB Glicosilada valor 10.
¿Cuántas veces lo había visto, cuantas veces lo había sentido?....ya ni lo sé….. Catorce años de evolución en esta enfermedad y aún no puedo asumirlo.
Tras la pesada cancela de hierro, apoyé la espalda y dejé resbalar lentamente mi cuerpo, hasta quedar desparramada en el suelo, sin fuerzas. ¿Por qué el corazón se me desbocaba a la altura de la garganta, por qué el vacío interior se apoderaba de mí?.
¿Por qué esa rabia, esta indignación destrozándome por dentro sin consuelo, sin esperanza?........
Deposité los análisis sobre la mesa y me sequé las lagrimas, igual que tantas otras veces, igual que siempre.
Solo tenía cuatro años, solo cuatro añitos y una dulce sonrisa. No es justo, sencillamente no es justo y aún hoy no encuentro respuestas, no encuentro solución....... porque no existe.
Marilé