domingo, 6 de noviembre de 2011

Una rosa en otoño.

La he sacado de su escondite, inmerso en el escenario de mi memoria, adormilada entre tímidos  bostezos, olvidada y oculta de algún modo en los recuerdos.
Ayer fue cuando la acabé, no se trata de una rosa cualquiera, de una rosa de punto de cruz copiada de un esquema en un momento de desidia o aburrimiento, no, nada de eso.
Se trata de la preciosa rosa inglesa que funde sus colores creando la vida en los recuerdos  de unos eternos momentos de mi niñez.

Yo tenía seis años cuando la ví por primera vez. Se encontraba bordada sobre un lienzo negro que forraba con delicadeza  la tapa de una preciosa cajita dorada.
Era el regalo que mi madre había  comprado para la abuela Concha. Cuando lo ví, supe de inmediato que mi madre era la persona más sabia del mundo, porque había podido resumir en algo tan pequeñito toda la esencia de la grandeza  de esta mujer.
Mi abuela, siempre elegante, de un gusto exquisito.
La recuerdo vestida con ropas de suave tacto y alegres colores, los malvas de sus vestidos y las grandes flores blancas estampadas en sus tejidos.
Su pelo gris siempre perfectamente peinado, sus andares lentos, con pasos cortos y pesados. Su generosa silueta tan entrañable en el papel de una abuela.
La recuerdo en sí a ella en la esencia de la pequeña cajita dorada, bella en todas sus caras y coronada por la delicada rosa.
En aquel momento, entre mis pequeñas manos se me antojaba la joya más valiosa y exquisita que podía existir.
_ ¿Qué tiene dentro?
_Ahora lo verás. _Dijo mi madre abriéndola con cuidado.
En su interior un perfume en forma de crema, con un intenso aroma a jazmín y un delicado color rosa palo, esperaba su liberación.
_¡Que bonito mamá, es tan bonito como la abuela!
Sí, era tan bonita y delicada como ella.

Este otoño la ví en una publicación de labores de punto de cruz. Al verla volví a quedar atraída por su encanto y por el interesante pasado que traía a mi memoria.
La bordé. En cada una de  sus pequeñas cruces degusté todos  los minutos que robaba a mi tiempo, quise terminarla para enmarcarla,  para admirarla integrada cuarenta años después en mi casa, en sus colores en sus formas,  en  su calor.

 Me gusta el resultado final y quería compartirlo con vosotros.
                   

Un beso.

              Marilé Cerván
  

9 comentarios:

  1. Esta historia me evoca otro tiempo muy entrañable. Es como si se diera un salto en el tiempo y me rodeo de recuerdos de mi niñez y aromas al hogar familiar.Que belleza hay en cada palabra que describes!!

    PD: la rosa inglesa expectacular!!

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  2. Enharabuena porque de cualquier detalle eres capaz de crear una historia maravillosa y llegar a la sensibilidad de las personas por lo menos de la mia,
    Un beso.

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    1. A veces los pequeños detalles por muy insignificantes que parezcan, pueden guardar las más bellas historia, las más apasionantes....
      Por eso me gusta darles un lugar de honor en mi casa, junto al corazón.
      Gracias por tu comentario, en él veo que has captado muy bien lo que he querido transmitir con esta entrada.
      Un beso.

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  3. no había leido tu entrada ! me ha encantado , como siempre...es maravilloso meterse de lleno en tus recuerdos, que bien lo describes todo...que bonitos recuerdos de tu abuela, a mi tambien me gusta recordar a la mía, y hacer de esos momentos intimos un bonito recuerdo de niñez. nuestras abuelas...cuánto daríamos por poder verlas de nuevo y escuchar sus anecdotas y sabios consejos!!!...ay...
    y respecto al cuadro te ha quedado maravilloso !! enhorabuena!!! un beso

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    1. Gracias Yolanda, yo perdí a mis dos abuelas con solo diez años pero de ambas guardo muy bonitos recuerdos. Recuerdos diferentes porque eran personas muy distintas, pero con un denominador común: siempre fueron grandes mujeres, bellas, serviciales, cariñosas, únicas en el papel de abuelas.....ese es el recuerdo que yo guardo en mi memoria y es el que me gusta tener !!!!! Un beso

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  4. Te doy mi enhorabuena por este bonito comentario y ese recuerdo tan entrañable de tu abuela que has sabido poner en un sitio preferente. Yo sólo he conocido a una abuela, murió teniendo yo 11 años y ella 64, y fué en Oran (Francia) donde tuvo la desgracia de que por culpa de un autobús,falleciera,igual un día me animo y los pocos recuerdos que de ella tengo los comparto.

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    1. Me alegra mucho que te guste mi relato, pero sobretodo me alegra haber reavivado tus recuerdos. Seguro que han sido tan agradables como los mios. Muchas gracias.
      Un beso

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  6. Había leído hace tiempo esta entrada, para mi gusto de las mejores, Martina. Tu manera sencilla y, a la vez, tan liviana e genuinamente llena de emoción me ha hecho pensar en el deleite apresado entre los pétalos de una rosa entreabierta. Tu recuerdo lo vas desgranando con la delicadeza de quien se atreve a emular con sus palabras la sublime y exquisita belleza de esa flor que contigo es, ademas de fresca,fragante. Si para muchos autores contemplar una rosa ha sido una renunciación a la palabra en el umbral de una experiencia casi mística, tú nos has narrado de un modo bello y conciso lo que encierra para ti la entraña de ese misterio.

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